Domingo 25 de Agosto 2019 – Domingo 21º T.O. C [otra homilía]

24 de agosto de 2019 — Deja un comentario

En el Evangelio de hoy aparece esta imagen que queda grabada en nuestra fantasía cristiana: la puerta angosta. La puerta angosta por la que muchos tratarán de entrar y no podrán. ¿Por qué no podrán?

Luego se habla del dueño de la casa que cierra la puerta. Y uno se queda fuera, empieza a tocar, pero ya no es el tiempo de entrar. ¿Qué clase de puerta es ésa?

La puerta angosta era una terminología que se aplicaba a las puertas de la ciudad, porque era la última puerta en cerrarse. Y era también —en la casa— la puerta sencilla, no el portón grande. Primero se cierra la puerta principal y luego —como última— queda cerrada la puerta más pequeña.

O sea que la puerta angosta es la puerta que tiene una temporalidad limitada. Es decir aquella puerta que en un momento determinado será cerrada. De hecho es la que se cierra como última. Es la puerta que señala el límite [temporal].

La pregunta era: ¿Son pocos los que se salvan?

El problema no es la cantidad de los que se salvan, sino si te salvas tú.

El problema es tanta gente que se hace preguntas sobre la salvación de aquellos que no son cristianos: si se salvan o si no se salvan. Pero estas cosas mejor dejarlas a Dios que sabe bien lo que debe hacer y ama a todos por igual.

El problema es hablar de la salvación en primera persona singular. Y entender cómo funciona esta historia de la salvación. Que por otro lado no es sólo la salvación eterna.

Se trata de la salvación como plenitud en esta existencia nuestra. La salvación es una ocasión.

La salvación es un espacio temporal que se abre.

Tenemos ocasiones que Dios nos da. Dios nos abre puertas a todos los hombres de manera misteriosa. Cada uno de nosotros tiene oportunidades para salvarse. Luego la puerta se cierra.

El dueño te abre la puerta, te pone en las condiciones para reconciliarte, para reencontrar la paz en esa circunstancia, para salir de una actitud, para salir de un vicio.

Ocasiones para aprovechar las gracias que Dios nos regala, gracias que pueden desaprovecharse.

¿Qué es la salvación? Entrar en las ocasiones que hoy Dios me da. Vivir atentos para aprovechar la posibilidad que Dios me concede.

Muchas veces queremos cambiar una actitud: no lo puedes hacer siempre, no lo puedes hacer cuando tú quieras. Lo puedes hacer cuando Dios te lo concede.

«Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca», dice el profeta Isaías. Hay que abandonar nuestro camino equivocado cuando Dios nos lo concede.

P.e., para ayudar a una persona a salir de una adicción, hay que imponerle los tiempos. No se debe seguir su ritmo acostumbrado. Para poder ayudar a una persona a salir de un vicio es necesario imponerle un ritmo nuevo, hay que enseñarle las ocasiones, porque si él dicta el ritmo, seguirá andando por los caminos por los que anduvo hasta ahora. Es necesario cambiar de ritmo. Es necesario entrar por otras puertas.

Es necesario movernos no cuando nos nace movernos, sino cuando Dios nos abre la puerta.  El que nos enseña —porque «todos los hombres serán enseñados por Dios », dice el Evangelio— El que nos enseña sabe que nosotros nos debemos adecuar a las situaciones, a las ocasiones que Él nos da.

Es maravilloso pensar que nuestra vida no es algo estático, inmóvil, sino que es una secuencia de interesantes ocasiones que Dios nos da para llegar a la novedad, para llegar a la belleza, para llegar a su Reino.

«Esforcémonos en entrar por la puerta angosta». En realidad el texto griego dice: «luchen por entrar por la puerta angosta».

Yo debo ser uno que sepa combatir la buena batalla.

La batalla buena no es nunca contra los demás.

La batalla buena es para aprovechar la ocasión.

Combatiendo contra la distracción. Combatiendo contra el atontamiento.

Debemos aprovechar las ocasiones que Dios nos da.

Entrar por la puerta angosta.

Y la puerta angosta se manifiesta constantemente. Es la ocasión para hacer la voluntad de Dios. Así como Dios nos la da. Y no como la esperamos nosotros.


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