Domingo 6 de Octubre 2019 – Domingo 27º T.O. C [una homilía]

6 de octubre de 2019 — 2 comentarios

Los discípulos le hacen una petición a Jesús: «Auméntanos la fe». Hablan de una cantidad. Y Jesús dice: «Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decir a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería».

O sea, Jesús está hablando de un acto imposible, de un acto inútil, de un acto absurdo. Para que entendamos que la fe no es un poder mágico para trasladar objetos ni una cantidad que se pueda aumentar.

La fe es una relación. No existe la fe en sí misma.

La fe que da la vida nueva —que da la vida en Cristo— no es algo que se mide en kilos.

Pero sobre todo no es algo que yo «tengo». No es que yo posea la fe: estoy aquí y en una bolsa existencial tengo una cosa que se llama «fe». No. Más bien: yo camino en la fe, actúo en la fe o no lo estoy haciendo.

Porque la fe es una relación. La fe es «fe en Dios». Fundamentalmente es una relación personal.

***

Nosotros pensamos a menudo que la fe es una cantidad de verdades que hay que retener en la cabeza y que hay que considerar como verdaderas.

Pero la fe no es —en primer lugar— creer una serie de verdades [increíbles o difíciles de creer].

Y no es que las verdades o las creencias no sean importantes. Sí, son muy importantes, porque muchas veces determinan cómo nosotros nos relacionamos con las cosas y con las personas.

Y hay creencias equivocadas. Hay «verdades» falsas que hacen daño. Verdades «falsas» que en realidad impiden creer en Dios. Impiden confiar en Dios. Y que a menudo son una fuente de intolerancia, crueldad, violencia, injusticia y persecución.

***

También las verdades «verdaderas» cuentan: porque pueden ayudarnos a ser personas compasivas y amorosas con otros.

Pero la fe no es simplemente aceptar como verdaderas las cosas que recitamos en el Credo.

La fe es algo mucho más importante.

La fe toca lo más profundo del alma.

La fe tiene que ver con nuestra relación con Dios.

La fe es centrarnos en Dios. Es entregarle nuestro corazón a Dios. Ser fieles a Dios. Confiar en Dios.

La fe tiene que ver con amar a Dios.

***

Nosotros esperamos el momento de posesión: momento de alcanzar un nivel y no tener que crecer más.

Pero en la fe se debe crecer siempre. En la fe se está en un dinamismo. No es una posesión pacífica o pasiva. Es como si un deportista —después de alcanzar un resultado, una meta— ya dejara de entrenar pensando que ya desde ese momento lo alcanzaría siempre. No es verdad. La vida es constante crecimiento. Constante evolución. Constante descubrimiento.

La fe no la tenemos nunca en la bolsa. En este sentido la fe no es algo que se pueda conservar intacto, porque es algo que se devalúa rápidamente, si no se cultiva.

En realidad, la fe no es una cantidad.

La fe es: «ahora—confiar—en—Dios».

Pero no es un estado o una posesión definitiva. La fe nuca la «poseemos».

La fe es algo que siempre te pide crecer, caminar.

Cada mañana —al despertar— debemos «entrar» en la fe. Porque la fe de ayer no es la fe de hoy. Y es la fe de hoy la que me sirve, no la fe de ayer. Aunque la fe de ayer te ayuda, te sostiene, te anima.

***

Dice la Carta de Santiago: «Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien. Pero los demonios también lo creen, y tiemblan de miedo». O sea que la fe tiene que ver con el amor. Los demonios creen en Dios, pero no aman a Dios.

O sea que «creer en Dios» no significa «creer-que-unas-afirmaciones-acerca-de-Dios- son-verdaderas», sino «amar-a-Dios». Es «dar-mi-corazón-a-Dios». Tener-tiempo-para-Dios.  Estar-para-Él. Compartir-con-Él. Invertir-en-mi-relación-con-Él.

Y hay muchas maneras de hacerlo. Hay muchas maneras de hacer que crezcamos en la fe. Es el objetivo de todas las prácticas espirituales como: oración personal, celebrar juntos la Eucaristía, leer la Palabra de Dios, y otras.

Son maneras de no olvidarnos de Dios.

Nos ayudan a tomar en serio nuestra relación con Dios.

Nos ayudan a estar presentes y comprometidos en nuestra relación con Él.

Son medios para abrirnos a Dios.

***

Y este «estar en relación [personal] con Dios» —esta clase de fe— nos transforma.

Esta clase de fe nos cambia.

Esta clase de fe activa puede mover montañas.

E incluso árboles frondosos.


2 comentarios para Domingo 6 de Octubre 2019 – Domingo 27º T.O. C [una homilía]

  1. 

    Hola este comentario sobre la fe es muy edificante muchas gracias por su comentario.bendiciones! saludos

  2. 

    Para la mayor gloria de Dios! Grax por tu comentario

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