Domingo 22 de Diciembre 2019 – Domingo 4º de Adviento Ciclo A [otra homilía]

22 de diciembre de 2019 — Deja un comentario

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La historia que acabamos de escuchar se encuentra sólo en el Evangelio de Mateo. Y Mateo subraya el papel de José en el misterio de la Navidad.

Así que tenemos aquí a José que descubre que su esposa está embarazada y que el hijo que espera no es de él. ¿Qué hace entonces José?

Aquí creo está lo importante del mensaje que encierra este Evangelio: José está dispuesto a quebrantar la ley judía con tal de proteger a la mujer que ama.

No hay modo de que José pudiera saber o entender que este niño ha sido engendrado por obra del Espíritu Santo. Así que José está confundido. Y es natural que piense que quizá su esposa haya cometido un error: «no lo entiendo, me parece absurdo, no me cabe en la cabeza, pero yo no voy a humillar a esta mujer».

Y esto es realmente extraordinario. José pone la dignidad de María, su amor por María, lo pone por encima de los mandamientos de la ley judía.

Porque el precepto de la ley es muy claro y muy preciso en el caso de que un hombre descubre que su mujer está embarazada de otro hombre: «la llevarán a la puerta de la casa de su padre, y allí los hombres de la ciudad la apedrearán hasta matarla». Es lo que manda la ley en el Libro del Deuteronomio Capítulo 22. José no lo permitiría nunca.

Y dice el Evangelio que José era un hombre justo. Y «justo» significa que conocía la ley.Y sabía cómo obedecer la ley.

Y sorpresa de sorpresas: resulta que José decide ignorar —e incluso desobedecer— la ley. O podríamos decir también que José pasa a un nivel más profundo de comprensión y de significado de la ley y del significado de Dios y del significado de las relaciones humanas.

Y sólo después de esto José descubre la verdad de las cosas.

A través de un sueño.

Pero incluso eso nos resulta extraño. Porque si a ustedes los educaron de manera católica —como a mí— siempre se nos enseñó a no hacerle caso a los sueños. Porque los sueños pueden ser peligrosos y suelen estar llenos de cosas raras en las que mejor no confiar.

Y de nuevo sorpresa de sorpresas: aquí tenemos a José —como el otro José en el AT— ambos creyendo en sus sueños. ¿Qué significado tiene eso?

Quizá no se trata simplemente de la actividad onírica que tiene nuestro cerebro en la fase REM del sueño, o sea cuando soñamos mientras estamos dormidos.

Más bien se trata de ese nivel más profundo de escucha intuitiva, donde frecuentemente sucede la oración, donde a menudo podemos escuchar a Dios en un nivel más profundo de nuestro ser.

Así que José confía más en esta escucha profunda —en este conocimiento espiritual, intuitivo de Dios, que aquí se llama «sueño»— que en lo que está escrito en los libros de la ley. José confía más en su experiencia que en lo que pudo haber leído en un libro.

Se trata obviamente —y creo que se dan cuenta de ello— de un mensaje muy subversivo. A nadie de nosotros se nos dió esta clase de libertad. A nadie de nosotros se nos concedió esa clase de permiso.

Ni siquiera se nos enseñó cómo llegar a este lugar más profundo y cómo confiar en lo que escuchamos en nuestros sueños.

Si ustedes van con la mayoría de sacerdotes —por los menos con los sacerdotes que yo encontré en mi camino— y les dicen ustedes: «es que yo escuché en un sueño eso y eso», la respuesta que les darán será más o menos la siguiente: «No le hagas caso a tus sueños tontos».

Bueno, pues aquí los curas estamos contradiciendo a San José. A San José: el hombre que trabajaba con sus manos, que no se pierde en su cabeza, como a veces les pasa a las personas que leen o estudian en exceso.

José mantiene un contacto firme con la realidad, interpreta lo que sucede ante sus ojos; y quizá —a través de esa sencillez— también aprende cómo no quedarse en la superficie de la cosas y poder escuchar los mensajes más profundos de su propio corazón.

Estoy consciente de que hablar de esta manera entraña un peligro. Porque si lo está escuchando una persona egoísta —una persona que no ha superado su egocentrismo infantil— pues esa persona usará este mensaje para justificar su egoísmo y para afianzarse en su egocentrismo.

Pero este mensaje nos llega hoy con la esperanza de que nosotros seamos cristianos maduros, seres humanos maduros.

Este mensaje evangélico supone que nosotros tengamos una vida de oración y que entendamos qué significa amar a Dios y amar a nuestro prójimo.

Si eso es lo que buscamos en nuestra vida, entonces el mensaje de este día para nosotros es muy directo: «Confía en tus sueños». «Confía en el nivel más profundo de tu oído interior, porque esta podría ser la voz de Dios». Como lo fue para José.

Así que no permitan que ningún sacerdote les diga que es peligroso o egoísta tomar riesgos o asumir retos que se nos presentan en la vida para descubrir y hacer la siempre-elusiva-y-medio-oculta voluntad de Dios.

Y espero que con este nivel de fe estemos un poco más preparados para la gran fiesta que celebraremos en pocos días.


 

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