Domingo 26 de Enero 2020 – Domingo 3º T.O. A [una homilía]

25 de enero de 2020 — Deja un comentario

Cuando se da el momento dramático del arresto de Juan Bautista, Jesús comprende que llegó el momento de iniciar su misión. Juan se detiene y entonces Jesús parte hacia Galilea. Deja el pueblo de Nazaret y va al norte: a Cafarnaúm en la orilla del lago. Cafarnaúm es una ciudad importante sobre un camino bien preciso que es citado en la Primera Lectura: «el camino del mar».

El camino del mar era un camino muy transitado: era una vía comercial que comunicaba el norte con el sur y el oriente con el occidente, llegando al mar mediterráneo; y que pasaba por este lago, Lago de Tiberíades. Y Cafarnaúm está justamente ahí en ese lugar que era entonces un cruce de caminos.

Recordemos que Galilea es una región situada al norte de Israel, donde hay gente norteña —las tribus norteñas de Zabulón y Neftalí— de todo tipo costumbres y estilos de vida diferentes: es un lugar mixto y contaminado: una zona fronteriza y una periferia.Un lugar donde se está en contacto con otros (diferentes).

Curiosamente la historia de la salvación no parte de un lugar limpio, tranquilo y seguro, sino de la confusión de un lugar donde hay tantos paganos, donde hay tantas personas que pasan y tanta variedad y tan poca obediencia a la ley: es la Galilea de los paganos, una región de frontera con otras naciones, con otras realidades, con otras religiones, con otras culturas. Aquí: donde hay esa tiniebla de la que habla Isaías.

Y este es el lugar, este es el punto de partida del Señor. Jesús no inicia partiendo de las cosas ya en orden, sino partiendo de las cosas rotas, de las cosas complicadas, de las cosas confusas, de nuestras tinieblas.

Estamos en el inicio de la misión de Jesús. Y la Iglesia nos proclama este Evangelio porque quiere que se nos grabe bien esto: que Jesús inicia su misión por el sótano. Por la zona menos presentable. Jesús comienza por la zona muy poco citada en las Escrituras, por un pueblo que camina en las tinieblas: ahí donde se caminaba en una especie de sincretismo y de confusión religiosa.

Jesús llama a ese tipo de personas. Llama a personas que llevan una existencia en una zona de periferia.

¡Cuánto puede agradar a nuestro santo padre el papa Francisco este tipo de temática! Desde luego. Porque este es el lugar de la vocación. Este es el lugar en el que aparecerá el llamado de Pedro, de Andrés, de Juan y de Santiago. ¿Llamados en dónde? ¿Mientras estaban en la sinagoga arrodillados para rezar? No. Llamados mientras estaban trabajando. Mientras están en el ámbito profesional de su competencia, donde parecería que Dios nada tiene que ver. Pero es justo ahí donde Dios los va a llamar. Es ahí donde Dios los encuentra y los pesca.

Jesús está predicando: «Conviértanse porque el Reino de los cielos ya está cerca». ¿Cerca de quién? Cerca de la gente que está en un lugar alejado del templo. Cerca justamente de aquellos a los que nosotros solemos llamar «alejados».

Es justo aquí la sorpresa: que el Hijo de Dios desciende, se encarna, y para salvarnos no pone condiciones, sino que nos agarra en el momento más profano y lejano. Es ahí donde el Reino de los cielos está cerca.

Y no está cerca porque nosotros estamos cerca de Él, sino porque Él está cerca de nosotros. Porque Él ha venido. Es Jesús quien ha venido a Galilea. Es Jesús quien bajó a Cafarnaúm. Es Jesús quien emprendió el camino del mar. Es Él quien se mete en la vida ordinaria nuestra. Es Él quien nos llama justo ahí.

Nosotros tenemos de este Evangelio una buena noticia: que no hay un lugar donde Dios no nos pueda encontrar. Que la tiniebla es un lugar donde Jesús puede venir a encontrarnos y a llamarnos.

De hecho, ésta es la misión de Jesús: descender hacia la tiniebla más profunda del hombre, «descender a los infiernos» como decimos en el Credo, bajar y sumergirse en la muerte del hombre y ahí tomarlo de la mano y llamarlo.

Y así como Palestina tenía su Galilea, y era llamada Galilea de los paganos, también nosotros tenemos en nuestra vida una Galilea. ¿Cuál es la Galilea que llevo dentro? ¿Cuál es la Galilea de mi vida? Ahí cerca anda Cristo. Ahí es donde Cristo quiere empezar a predicar: en la parte oscura nuestra, en el Cafarnaúm de nuestra vida, ahí donde se asoman todas nuestras miserias: en el lugar más tenebroso y perdido de nuestro mapa.

No nos fijemos pues en nuestra capacidad. Fijémonos en su poder: es Él quien nos llama; nos llama porque sabe transformar nuestra tiniebla en luz y se goza en llenar con su luz nuestras tinieblas. Porque en lo más oscuro, en lo más tenebroso, en lo que parece devastado, en lo que parece muerto, Cristo es especialista.


 

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