Domingo 9 de Febrero 2020 – Domingo 5º T.O. A [una homilía]

8 de febrero de 2020 — Deja un comentario

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Este Evangelio sobre la sal de la tierra y la luz del mundo está preparado por la Primera Lectura tomada del capítulo 58 del profeta Isaías que nos presenta una lista de obras de misericordia que nos recuerdan la parábola de Jesús sobre el juicio universal (compartir el pan con el hambriento, recibir en casa al pobre sin hogar, vestir al desnudo, ayudar al afligido en su necesidad).

Y dice el profeta: «si haces esas cosas entonces tu luz surgirá como la aurora y cicatrizarán —sanarán— muy pronto tus heridas», «tu oscuridad será como el mediodía», «tus sombras se convertirán en luz de mediodía».

El profeta dice: «tu luz». O sea cada persona tiene una luz. ¿Qué clase luz?

En el Evangelio Jesús dice: «Ustedes son la luz del mundo».

Entonces cada hombre tiene su propia peculiaridad: debe brillar con su propia luz.

Cada persona que viene al mundo tiene una misión, tiene algo importante que hacer. Tiene una luz que está escondida en lo secreto de su historia, en lo profundo de su herida. Tiene una luz que está tapada. Una luz que es oscuridad. Una luz que es sombra. O sea una luz que nace de la oscuridad. Una luz que nace de las heridas de las que habló Isaías.

[Fracasar en nuestra misión quiere decir convertirse en tiniebla. Es decir convertirse en un espacio donde el otro no se ve. Una zona donde no se ve Dios, donde no se ve el prójimo. Porque en la tiniebla el otro no aparece. Y nosotros no aparecemos. Es aquel lugar en el que nosotros ya no somos personas. Donde somos oscuridad. Porque el hombre fundamentalmente es relación. El hombre es relación con Dios y con el prójimo. Y nosotros no podemos vivir si no es siendo luz.]

Y la manera de que esa luz brote es haciendo algo por los demás, como dice Isaías. O sea esa luz surge cuando entablamos una relación con otros, cuando abrimos un espacio donde el otro se ve, cuando vemos al hermano.

Isaías dice que una persona llega a su propia luz porque ve a su semejante: porque ve al pobre, porque ve al hambriento, porque ve al afligido con el que se topa en el camino.

Por eso el Evangelio dice: «Ustedes son luz del mundo». O sea: luz para otros. No es luz sólo para uno mismo. Esta es una clave para interpretar muchísimas cosas de nuestra propia vida.

Dice Jesús: «Cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa».

Entonces una luz se enciende para que otros puedan ver. Alguien nos ha encendido para que seamos luz para algún otro. Dios nos ha llamado a la vida para que seamos luz: para que otros puedan ver.Es muy importante tenerlo presente si queremos entender lo que nos sucede en la vida.

Porque en nuestra vida pueden suceder cosas muy difíciles, muy duras, incomprensibles. Y nosotros empezamos a comprenderlas cuando las encendemos como una luz para los demás.

O sea: cuando nosotros comprendemos que a nosotros nos ha sucedido algo para amar a alguien.

Nunca podremos descifrar los enigmas de nuestra propia vida si nos quedamos encorvados sobre nosotros mismos, sobre nuestras historias y derrotas.

***

Qué diferente es pensar que de este mal que yo puedo haber padecido o de estas limitaciones que yo debo tomar en cuenta, puede venir algo bueno para alguien. Que mi noche puede iluminar la vida de alguien. Entonces mi oscuridad se convierte en luz.

Cuando nosotros aceptamos esta perspectiva entendemos a Jesús crucificado, quien de un hecho terrible, de una injusticia personal, monstruosa e incomprensible que ha padecido, hace luz: la luz del mundo.

[Eso se cumple en Él. Porque cuando Jesús muere en la cruz hay un eclipse del sol. Él se convierte en luz. Ya no es la luz natural la verdadera luz del hombre, sino que es su forma de morir por nosotros: Él ofrece su dolor por nosotros.]

Y aquí está la clave.

En esto nosotros somos redimidos: cuando nuestra oscuridad (nuestras sombras, nuestra noche, nuestras heridas, nuestros pecados) se convierten en luz para alguien.

Entonces nuestras cualidades, nuestra historia, todo lo que nos sucede, todos nuestros retos, se orientan hacia el amor, se abren al encuentro y hacen de nuestra vida sal que da sabor, hacen de nuestra vida algo sabroso.

***

Una cosa es tener un amigo que nunca ha sufrido en la vida.

Otra cosa distinta es tener un amigo que ha sufrido pero que ha rechazado sus sufrimientos.

Pero una cosa mucho muy diferente es tener un amigo que aprovecha los dolores que ha vivido en su existencia para amarnos, para comprendernos, para consolarnos, para estar cerca de nosotros, para ayudarnos.

***

Hay una luz que está escondida en nuestra vida y que quizá no estamos aprovechando plenamente.

Es la luz escondida en nuestra noche, en nuestra oscuridad.

Es la luz escondida en nuestras heridas. Es la luz nuestra que alguien necesita.


 

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