Domingo 23 de Febrero 2020 – Domingo 7º T.O. A [una homilía]

22 de febrero de 2020 — Deja un comentario


5d08f357246da.jpg


Jesús nos pide no reaccionar ante una bofetada, sino poner la otra mejilla, que es la actitud de quien no corresponde a la violencia del otro.

De hecho más adelante Jesús dice: «si aman a los que los aman ¿qué hacen de extraordinario?»

Amar a los que nos aman y odiar a los que nos odian. Es decir: vivir de manera simiesca, imitativa, copiando, reproduciendo, reflejando a los demás. Y no como personas que tienen sus propios actos, sus sentimientos, sino respondiendo de manera automática y previsible a los sentimientos de los demás.

Jesús nos llama a una vida autónoma. A una vida grande. Aquella vida por la cual una persona —si tiene amor en el corazón— ama. Si el otro tiene odio, pues tiene odio. Pero yo tengo amor en el corazón. La pregunta es sobre ¿quién soy yo? ¿Acaso los demás deciden lo-que-yo-debo-hacer? ¿Lo-que-debo-pensar? ¿A caso mi vida consiste en reaccionar de manera previsible y simétrica ante los demás?

En realidad si una persona me desprecia o habla mal de mí, esto nada me quita ni me pone. Desde luego que me duele. Ciertamente sufro por eso. Pero yo, ¿quién soy? ¿Tengo una identidad? o ¿Soy un simio? o ¿soy un espejo? o ¿un robot programado paraimitar? o ¿una fotocopiadora de las actitudes de los demás que reproduce y multiplica en blanco y negro o a todo color lo que me hicieron?

***

Jesús nos llama a la vida extraordinaria.

Lo ordinario es responder a estímulos según la ley de causa y efecto. Otro me hace una cosa y yo respondo con lo mismo: «ojo por ojo diente por diente». Y así continuamos viviendo una vida ordinaria donde todo es previsible y automático, donde todo ya se sabe cómo es.

Pero Jesús nos llama a una vida extraordinaria. A una vida original. No una copia. No una copia de la vida del otro, sino una vida que tiene su fuente ennuestra relación con el Padre celestial.

Una vida que se basa no en cómo nos tratan los demás, sino en cómo nos trata Dios. Porque Él nos amó cuando éramos enemigos. Él ha ofrecido la otra mejilla. Él se dejó despojar de la túnica, del manto, de todo aquello que le podíamos arrebatar. Él caminó mucho más que mil pasos con una cruz a cuestas para legar al Calvario. Porque nos ama. Lo hemos obligado a recorrer un camino que no era el suyo. Él lo hizo con nosotros, por nosotros. En ese Evangelio podemos contemplar a Jesús mismo. Porque Jesús se autodescribe en en este Evangelio.Este Evangelio es un retrato de Jesús. Y eso significa que este Evangelio es un retrato de Dios. De cómo es Dios. De cómo nos ama Dios.

Y mirando a Jesús es necesario ver cómo nosotros respondemos a la vida: ¿si estamos respondiendo a los demás o si estamos respondiendo a Cristo?

Si estamos respondiendo a la mediocridad de los demás, seremos mediocres como los demás. Si respondemos a la grandeza de Jesús seremos grandes como Él.

***

De hecho, en este Evangelio se habla de llegar a ser como Dios. Ese deseo del ser humano desde el paraíso: ser como Dios.

Pues aquí se habla de llegar a ser como Dios, pero por otro camino: por el camino del amor.

«Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto». Hay algo de la relación de Dios conmigo que se manifiesta en mi vida: porque mi misericordia, mi capacidad de perdonar, mi capacidad de orar por quien me hace mal, no nace de mí: nace de Dios. Nace de mi relación con Dios.

Esto significa que yo —para perdonar a la persona que me hace mal— no debo fijarme en esta persona sino que debo fijarme en cómo me ha tratado Dios.

Debo actuar en otro nivel. Debo vivir —debo llegar al otro— desde de mi relación con Dios.

De manera que si yo no soy paciente esporque no he tenido una relación con la paciencia de Dios.

Si no soy misericordioso es porque olvidé o nunca he abierto el corazón de veras a la ternura, al amor, a la paciencia de Dios.

Es en Dios donde se encuentra la solución de nuestros conflictos.Son cosas que sólo Dios puede hacer.

O sea que —para poner en práctica este Evangelio— no podemos partir de nosotros mismos, porque convertimos el cristianismo en una moral —por lo demás imposible— del «debemos amar al enemigo».

Pero, ¿cómo se hace para amar al enemigo si no porque el Espíritu Santo habita en mi corazón? Y ¿cómo podemos amar al enemigo si no hemos visto cómo Dios nos ha amado cuando éramos enemigos?

***

Este domingo debemos medirnos con la paradoja cristiana. Pero mirando y comprendiendo su origen. Lo central es el origen de nuestro ser: que está o en Dios o en nosotros mismos. En Dios hay misericordia, compasión, paciencia, ternura, el amor al enemigo. Aquí está el origen de lo que se nos pide en este Evangelio.


 

No hay comentarios

¡Se el primero en comenzar la conversación!

Puedes dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .