Domingo 1 de Marzo 2020 — Domingo 1º de Cuaresma A [una homilía]

29 de febrero de 2020 — Deja un comentario

Parece un desafío algo lejano de nuestra vida lo que acabamos de escuchar, pero en realidad este Evangelio es de una profundidad absolutamente insondable.

El tema fundamental de las dos primeras tentaciones es el «ser hijos de Dios». Si yo soy hijo de Dios, ¿cómo debo encontrarme? ¿Cuál es la consecuencia de esta condición?

Si soy hijo de Dios entonces «las piedras se convertirán en pan». Es decir: las cosas serán siempre comestibles. Incluso las piedras deben estar en función de mi satisfacción. No podré nunca sentirme frustrado. Si Dios es mi Padre, debo estar bien siempre. No puedo experimentar la desilusión. Debo sentirme siempre satisfecho. Por eso todo para mí debe convertirse en pan. Esto parece ser una buena oferta, pero en realidad es escalofriante.

Podemos imaginarnos cómo sería estar con una persona que es tentada a vivir así. A este hombre —si se casa— la mujer lo debe satisfacer siempre. Un hijo debe ser para él algo que lo realiza. El trabajo debe llenarlo siempre. Una relación de amistad debe ser un lugar donde él está a gusto siempre, donde él se divierte y disfruta en todo momento.

Pensemos en cómo sería vivir con una persona así, con un egoísta así. Así se vive muy mal. Porque nuestra vida no es eso. Porque vivir así quiere decir vivir como seres infantiles, como los bebés que deben succionar la vida —empezando por la leche materna— deben recibir, y recibir, y seguir recibiendo sin cesar.

Y entonces su vida es una etapa que no cambia nunca. Es la etapa oral que no termina nunca. Y uno debe pasar toda la vida comiendo, toda la vida satisfaciéndose, toda la vida disfrutando. ¿Cómo podrá amar un hombre así?¿Cuando podrá un hombre hecho así hacer un acto de donación de sí mismo? ¿Si incluso las pierdas deben ser pan? ¿Si incluso las rocas se debe comer éste hombre? Cualquiera que se case con una persona así, cualquiera que se encuentre junto a una persona así, debe convertirse en su esclavo, debe estar su disposición. ***

Esta batalla es una batalla muy seria. Es la batalla por aceptar que no se vive sólo de eso. No se vive de satisfacciones. Hay algo que alimenta mejor. Es la voluntad del Padre. Hay una misión que cumplir: vivir de cada palabra que sale de la boca de Dios. Es la misión de cumplir la palabra que Dios escribió en lo profundo de nuestra alma, en lo profundo del alma de toda persona: es la luz interior que indica el bien. Esta es la palabra de Dios que nos nutre.

No se puede vivir como personas infantiles pensando sólo en cómo satisfacerse. Es necesario saber cumplir una misión. Esta es la primera tentación.

Y la segunda: «Si eres Hijo de Dios, échate para bajo». Lo llevó a la ciudad santa, a la parte más alta del templo. «Lánzate abajo, tírate, aviéntate, porque Dios te debe proteger. ¿A caso no dice en la Escritura que te protegerá en cada situación? ¿Que te librará de todo peligro? Entonces, lánzate abajo, obliga a Dios a realizar cosas espectaculares».

Es la tentación del éxito. De la afirmación. Es la tentación de pensar que debemos obtener reconocimiento siempre, que debemos tener respuesta siempre. Que debemos estar siempre en situaciones que son claras, donde Dios respondeinmediatamente, donde todas las cosas marchan sin contratiempos. Donde siempre debemos tener éxito.

Pretender vivir una vida así es una perspectiva preocupante. Porque en la vida existe el fracaso. Existe la espera. Existen cosas que no se solucionan de inmediato. Muchas cosas exigen paciencia. Porque muchas veces no se puede pretender tener inmediatamente los resultados. Muchísimas cosas de nuestra vida se construyen despacio.

Por eso el hombre que no puede vivir en una situación de frustración, que no puede vivir en una situación en la que no hay un logro inmediato es un hombre preocupante. Es un hombre peligroso. Es un hombre que no será capaz de vivir en la precariedad de lo real, en la indefinición de las cosas. Quiere los resultados ya. Cuando él se lanza le deben responder inmediatamente. Éste no es un hijo de Dios. Éste es un hijo del ansia. Éste es un hijo del furor. Es uno que debe tenerlo todo al instante: que le respondan ya.

Pero ¿puede ser una buena esposa una mujer que quiere los resultados inmediatos siempre? ¿Puede ser una buena madre? ¿Cómo educará? ¿En qué frustración educará a los hijos una mujer que les exige resultados instantáneos?

Un niño necesita paciencia para crecer. Todos necesitamos necesitamos paciencia. Esta lógica del éxito es una lógica terrible. Es una lógica contraria al amor. Porque el amor implica el fracaso. El amor implica la decepción, el silencio, la espera, la paciencia. Implica ser capaces de soportar una situación difícil, sin cambiar, sin huir, sin esperar que todo se solucione de inmediato. Algunas veces los problemas los debemos tener. Algunas veces los debemos arreglar. Otras veces los problemas tienen el propósito de arreglarnos a nosotros, de hacernos crecer, de hacernos madurar, de hacernos capaces de paciencia, de amor, de ternura, de compasión, de comprensión.

Cómo es de importante saber aceptar los tiempos de Dios y no tirarse abajo de la parte más alta del templo. Y no forzar la realidad según nuestras expectativas.

***

Y la última tentación es la de poseer. «Todo esto te lo daré». La posesión. Tenerlo todo. Pero tenerlo todo exige postrarse ante todo. Para tener, póstrate. Para tener poder, entrega tu poder.

«Todo esto te daré si te postras y me adoras». Entonces ¿me convierto en dueño o en esclavo? Parece que me convierto en dueño, pero por ahora empiezo a ser esclavo.

Y así es el poseer en la vida. Parece darnos posibilidades de tener autonomía. Pero en realidad es una expropiación. Nos introduce en una situación de angustia, de la esclavitud de las cosas. Es una falsedad total.

Claro que debemos poseer cosas en nuestra vida.

Según lo que Dios quiere y confiándonos plenamente a la voluntad de Dios.

Para cumplir la misión de la que hablamos antes. Aceptando cómo Dios conduce nuestra historia concreta. Con los tiempos muertos que existen, porque deben existir.

¿Para poseer qué?Para poseer a Dios al que nadie nunca nos puede robar.


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