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Hoy es el tercer Domingo de Cuaresma. La tercera etapa de nuestro viaje espiritual a Jerusalén. Viaje en el que cada uno de nosotros busca al publicano que lleva dentro. Al pecador. Pero al pecador que busca su conversión. Y que quiere seguir al Señor. Y servirle con fidelidad.

***

Purifícanos, Señor, para que veamos Tu luz y demos frutos que de nosotros esperas.


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Nos presentamos hoy —ante el Señor— para pedir su auxilio. Quizá perdidos. Quizá distraídos. Quizá nuestros pensamientos y corazones están en otro lugar.

***

Ven, Señor, para que estemos preparados. Para ti que estás presente. Y que vienes a cada uno.  Llévanos contigo a tu Monte Santo. Purifícanos. Purifica nuestros ojos. Para que podamos verte.


 

2 Peter 1:16. Eyewitnesses Of His Majesty


De muchas maneras Dios viene a nosotros. Aunque siempre vivimos en su presencia. Viene con desafíos siempre nuevos.

Ahora, en este tiempo sagrado de la Cuaresma, viene para convertirnos. Para mostrarnos el camino. Para mostrarnos qué tenemos que cambiar — en mi vida, en nuestra vida— cada uno. Para que escuchemos su voz y nos guiemos por ella en la vida.

***

Purifícanos, Señor. Para que te escuchemos. Hoy. Ahora. En esta Santa Misa.


2 Peter 1:16. Eyewitnesses Of His Majesty


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MONICIÓN INICIAL

Hoy es Miércoles de Ceniza. Y nos reunimos para iniciar juntos la Cuaresma.

Para nosotros es un día muy especial, en el cual la Iglesia nos ofrece un rito de perdón y de reconciliación.

La imposición de la ceniza es símbolo –sobre todo– de abrirse a la misericordia divina.

En la Misa de hoy se omite el Acto Penitencial, que se realizará en la imposición de la Ceniza, que llegará luego de escuchar las lecturas bíblicas y la homilía del sacerdote.

Después de la explicación de la Palabra de Dios, el celebrante bendecirá la ceniza y comenzará su imposición.

La Cuaresma ha empezado.


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Estamos ya en el último domingo antes de la Cuaresma. Todavía celebramos en este color verde de la esperanza. Pero ya el próximo Miércoles de Ceniza nos abrirá a ese Tiempo maravilloso de la Pascua.

A veces nos parece que el amor consiste más en dar que en recibir. Amo porque doy, porque me sacrifico, porque encuentro tiempo para alguien. Pero qué difícil es recibir al otro así como es, aunque nos parezca que es peor que nosotros, que camina con esa insoportable viga en el ojo.

***

Señor, purifícanos, para que no solo escuchemos tus palabras, sino que también las aceptemos como luz para nuestra vida. 


El Evangelio de hoy nos presentará —como un gran reto— el reto de un amor muy difícil: el amor a los que no nos aman, y que a veces son nuestros enemigos.

Con mucha frecuencia este es nuestro gran problema, nuestro gran combate interior. Por eso en esta Santa Misa, al pedirle a Dios perdón por todos nuestros pecados, pidámosle también que entre nosotros haya menos odio, menos agresión, menos violencia.

***

Señor, purifícanos de todos los pecados, sobre todo de los pecados contra el amor, que nos cierran el camino hacia ti y cierran nuestros corazones a tu presencia.


Venimos hoy para que el Señor nos colme de su sabiduría, que es algo más que conocimiento. Sabiduría es la capacidad de mirar las cosas de manera más profunda, más plena, más madura.

Esa clase de sabiduría necesitamos ahora para poder participar plenamente en la Santa Misa y también para abrirnos al misterio de la presencia divina, del amor divino, que purifica.

***

Perdónanos, Señor, todo aquello que en nosotros no es sabiduría, aquello que —en ese sentido espiritual— es estupidez y necedad.


El Señor está con nosotros porque estamos reunidos en su Nombre. Y cada uno de nosotros, al inicio de esta Santa Misa, que encuentre en su interior aquella parte que está abierta a Dios, que está dispuesta a recibirlo, a ser purificada, dispuesta a aceptar el llamado que también hoy Él nos va a hacer. A dejar la orilla de las cosas. A dejar la superficie de nuestra vida. Y llevar la barca hacia aguas más profundas. De nuestro corazón.

***

Señor, purifícanos, para que seamos dignos de encontrarnos contigo.


Hoy venimos a escondernos bajo la sombra de las alas del Señor. Pero no para huir del mundo. No para esquivar a los demás.

Queremos escondernos a la sombra de sus alas. Porque la sombra de las alas divinas nos da ánimo. Nos da valor. Para que no nos rajemos. Ante lo que es difícil. Ante lo que es verdadero.

***

Hoy, escóndenos, Señor, bajo Tus alas. Y fortalécenos con esta Eucaristía.


Hoy escucharemos a San Lucas que nos contará cómo Jesús, después de su bautismo, llega al pueblo de Nazaret y el sábado entra en la Sinagoga, cómo le entregarán el libro del profeta Isaías, y cómo al terminar de leer dice: «Hoy se cumple la Escritura que acaban de oír».

Este «hoy» es importante. Porque «hoy» quiere decir ahora, en este momento, cuando nos reunimos, Jesús también abre el libro, lee las Escrituras, y nos explica su sentido, porque Él vive. Vive en su Iglesia. Vive entre nosotros. Y en cada uno de nosotros.

***

Purifícanos, Señor. Para que nuestro ojo interior sepa abrirse. Y percibamos tu presencia entre nosotros.


Hoy es el Domingo del Bautismo del Señor con el que concluye el Tiempo Litúrgico de Navidad.

El Niño a quien los Magos de Oriente vinieron a adorar en Belén —este Niño que se les perdió a María y a José en el Templo y que en Nazaret, iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia— ha llegado al día cuando el Padre lo presenta como su Hijo predilecto y lo unge con su Espíritu, para que proclame a todas la naciones la Buena Nueva: la ley del amor.

***

Señor, Tú que nos concediste el Sacramento del Bautismo, renueva en nosotros Tu vida. Haznos capaces de escuchar Tu Palabra y de recibir dignamente Tu Cuerpo en estos sagrados misterios de la Misa.


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El día de hoy, después del Evangelio (o bien en otro momento idóneo, como por ejemplo en el silencio después de la Comunión), se puede proclamar el anuncio de la fecha de la Pascua y de las demás fiestas del año.


ANUNCIO DE LA PASCUA Y DE LAS CELEBRACIONES MÓVILES

Queridos hermanos,

con el favor de la misericordia de Dios

—así como nos hemos alegrado por el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo—

les anunciamos la alegría de la Resurrección de nuestro Salvador.

El día 6 de marzo será el Miércoles de Ceniza,

comienzo del ayuno de la Sagrada Cuaresma.

El día 21 de abril celebraremos con alegría la Santa Pascua de Nuestro Señor Jesucristo.

El día 2 de junio: la Ascensión del Señor.

El día 9 de junio: la Fiesta de Pentecostés.

El día 20 de junio: la Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

El día 1 de diciembre será el primer Domingo del Adviento de Nuestro Señor Jesucristo,

a Quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Amén.


Navidad es de todos —

31 de diciembre de 2018 — Deja un comentario

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navidad es de todos

 

no en primer lugar de los que creen

verdades verdaderas

 

no en primer lugar de los sacerdotes

y de los que conocen las escrituras

 

no de los reyes

 

sí es

en primer lugar

de los despreciados

de los extraños

de los de otra tribu

de los extraterrestres

de los que no pertenecen

a nuestro cosmos

a nuestra iglesia doméstica

de los que viven al otro lado del muro

que hemos construido

***

El Submarino, Meditando sobre el misterio de la Epifanía —


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Fue una partida fría, justamente

La época peor del año para un viaje,

Y un largo viaje como el nuestro:

Los caminos ruinosos y los climas punzantes,

La verdadera muerte del invierno.

Y los camellos se llagaban,

Las patas lastimadas, refractarios,

Se echaban en la nieve derretida.

Sentíamos a veces la añoranza

De los palacios en verano

Sobre suaves laderas, las terrazas,

Y las chicas sedosas trayendo los refrescos.

 

Luego, los camelleros con sus protestas y blasfemias,

Que huían, o pedían licores y mujeres,

Y en la noche los fuegos se apagaban,

Y no encontrábamos refugios, y eran

Hostiles las ciudades, desconfiados los pueblos

Y las aldeas sucias, todos recargando los precios:

Fueron días difíciles. Al fin,

Preferimos viajar toda la noche,

Durmiendo a ratos,

Con las voces cantando en nuestro oído,

Diciéndonos que todo, todo era una locura.

 

Luego, al alba, bajamos hasta un valle templado,

Húmedo, al pie de la línea de nieve, fragante de espesura,

Con un torrente y un molino de agua que batía la sombra con sus aspas,

Y tres árboles solos contra un cielo cercano.

Y un viejo caballo blanco huyó al galope sobre la pradera.

Después llegamos a una fonda que encima del dintel tenía hojas de parra,

Por una puerta abierta seis manos que jugaban a los dados por monedas de plata

Y unos pies que pateaban unos odres vacíos.

Pero no había información, y continuamos

Y así llegamos al anochecer, encontrando el lugar

En el momento justo… Fue (me podrían decir) satisfactorio.

 

Todo esto fue hace mucho, lo recuerdo,

Y lo haría de nuevo, pero aclarando antes,

Esto aclarando,

Esto: ¿fuimos guiados

Durante todo ese camino para

Un Nacimiento o una Muerte?

Hubo, por cierto, un Nacimiento,

No hay dudas, lo pudimos comprobar.

Yo había visto nacimientos y muertes,

Pero había pensado que eran algo distinto;

Este otro Nacimiento para nosotros fue

Una agonía ardua y amarga, como la Muerte, nuestra muerte.

Regresamos así a nuestros países, a nuestros Reinos,

Pero ya no hubo paz para nosotros,

Aquí en los viejos usos, con un pueblo

De extraños aferrados a sus dioses.

Yo querría morir con otra muerte.

***

T.S. Eliot, El viaje de los reyes magos [1927] —


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MONICIÓN INICIAL

Vino a los pastores.

Viene ahora a los Magos, a los que nosotros luego llamamos Reyes Magos, que vinieron de Oriente, del misterioso Oriente, para entregarle sus regalos y para reconocerlo como Dios y Señor.

Cada Santa Misa es una venida así. Alguna estrella —más o menos brillante— nos conduce. Y nos muestra que aquí está el pesebre. Que aquí está Él. ¿Qué tengo para ofrecerle? ¿Qué estoy dispuesto a recibir como don de su presencia?

***

Purifícanos, Señor, para que desaparezcan todas las oscuridades.

Para que en nuestros corazones y conciencias haya luz.


El día de hoy, después del Evangelio (o bien en otro momento idóneo, como por ejemplo en el silencio después de la Comunión), se puede proclamar el anuncio de la fecha de la Pascua y de las demás fiestas del año.


ANUNCIO DE LA PASCUA Y DE LAS CELEBRACIONES MÓVILES

Queridos hermanos,

con el favor de la misericordia de Dios

—así como nos hemos alegrado por el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo—

les anunciamos la alegría de la Resurrección de nuestro Salvador.

El día 6 de marzo será el Miércoles de Ceniza,

comienzo del ayuno de la Sagrada Cuaresma.

El día 21 de abril celebraremos con alegría la Santa Pascua de Nuestro Señor Jesucristo.

El día 2 de junio: la Ascensión del Señor.

El día 9 de junio: la Fiesta de Pentecostés.

El día 20 de junio: la Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

El día 1 de diciembre será el primer Domingo del Adviento de Nuestro Señor Jesucristo,

a Quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Amén.


 


Nace Dios, un Gitanito
junto a él duerme un corderito
Nace Dios, un Paquistaní
el sol baila en su pelo

Nacen niños dioses en miles
nacen bebés hermosamente
y preguntan por el paraíso
y preguntan por el paraíso

Ay qué bello es nacer
en Alepo o en Monterrey
Ay qué difícil es nacer
en un barquito en pleno mar

Dónde está el país, y cuál es el país
donde el Dios de piel de arcoíris
pueda esconderse de las guerras
los temores y las hambres

Donde Dios no tenga miedo
pues qué le pueden a un Dios los miedos

Nace Dios, una criatura
duerme, duerme, Negrito…

Ay qué bello es nacer
en Alepo o en Monterrey
Ay qué extraño es nacer
en el agua, en el frío, con hambre

Nace Dios, un pequeño paisano
cuál es tu signo, un porte sano
Nace Dios, un hermoso chaparro
que cumpla muchos años el rorro

en el país-paraíso, país hermoso
en el país-paraíso, país hermoso
es decir, en nuestro país…

Ay qué bello es nacer
en Alepo o en Monterrey
Ay qué difícil es nacer
en un barquito en pleno mar

Ay qué bello es nacer
en Bogotá, San Antonio o Monterrey
Ay qué raro es nacer
en el Norte y en el Sur…

***
Jarosław Mikołajewski, Villancico para Dios del arcoíris — [traducción del polaco por Thomas Huckleberry con la valiosa colaboración de Rosa Luxemburgo] — Música: Grzegorz Turnau


Cayó una estrella en nuestro patio
No se agitó siquiera una pluma

De seguro vino de otro mundo
Porque no pudo tocar nada en nosotros
Y no quedó huella ni la más pequeña
Que deja incluso el que se va

No hay cómo llorar: no pasó nada
Pues no se oyó ni un suspiro

Pero duelen los ojos
Como si
Hubiéramos visto

¿Quién lo hubiera pensado?

***
Ernest Bryll, Cayó una estrella –

*** Navidad (EB) –

29 de diciembre de 2018 — Deja un comentario

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Cuando un niño nace y viene a este mundo
Es como Dios que de repente se ahogó con el aire
Y se percató de que tiene cuerpo, que en la oscuridad camina
Que tiene miedo de ser hombre. Y que tiene que serlo
Pura alegría alrededor. El murmullo del villancico 
Los familiares como los pastores fijan en Él sus miradas
Y la risa de la madre – porque el niño se estira dulcemente

Pero él se está acoplando a su cruz

***
Ernest Bryll, Navidad –

No cerca o quizá sí cerca
Depende de cómo uno lo mira
Pero a este pesebre humilde
Todos por fin llegaremos
Unos por las nieves purísimas
Y por eso medio vivos de hielo
Otros bajo una lluvia torrencial
Alguien a través del desierto quizá…
Nos detendremos asombrados realmente
Y uno va a pensar por un largo rato
Que la eternidad es tan ingenua
Tímida como un niño 

***
Ernest Bryll, No cerca o quizá sí cerca –

Ocho meses pasaron, yo a lomo
de burro, José a pie
noventa millas a Belén

Nuestra cueva es fría y húmeda
los bueyes golpean el suelo con sus patas
en protesta por la invasión, dos nerviosas

palomas se alborotan entre las vigas como si
supieran que rompí aguas

sobre los lomos del burro, que miraba
desorientado para ver de dónde viene
este aguacero tibio de junio

en diciembre. El implacable dolor
esperando la hora, mientras
José recogía la paja

sucia de los rincones del establo
para hacer una cama; mi taburete
de parto: un pesebre roto

Empujo al niño en sus
rugosas manos cuando la puerta
del establo rechina y tres

potentados orientales se postran
ante el bebe que llora —
la placenta en el suelo — Ellos traen

regalos en dromedarios por
de las arenas de Arabia, tendiendo
oro, incienso y mirra

a nuestros pies, cuando yo necesito una vasija
de agua caliente, toallas
limpias, y muchos pañales.

***
Kilian McDonnell, Una anciana recuerda (Belén) —