Intercambio y retroalimentación positiva

Intercambio y Retroalimentación positiva:
un medio para mejorar nuestras habilidades como lectores

La práctica no necesariamente hace al maestro. En algunas ocasiones puede afianzar modos y costumbres no deseados. Para avitarlo hay que pedir apoyo. La familia y los amigos, muchas veces, pueden hacer algunas buenas sugerencias, si saben que usted va a estar abierto para escucharlas. Así que si te dan algunas sugerencias, no te ofendas ni te defiendas, sino agradéceles y piensa en lo que las otras personas te han dicho.

Incluso más útil es la práctica de una sesión de intercambio y retroalimentación positiva en grupo con otros lectores. Esto debería formar parte de todos nuestros ministerios. Estas sesiones deberían realizarse regularmente, quizás mensualmente o cada dos meses, para que el trabajo del lector y el intercambio apropiado no se olviden en un período de varios meses.

Puede parecer desalentador recibir las reacciones y comentarios constructivos de un grupo respecto al trabajo que nos interesa. Pero el intercambio sincero es una de las mejores maneras que tenemos de aprender y crecer en nuestro ministerio. Las sesiones de intercambio y retroalimentación constructiva en grupo con otros lectores le permite a las personas decir: «Esto fue lo que me ayudó a comprender lo que estabas proclamando y esto fue lo que dificultó la comprensión».

El intercambio en grupo también nos ayuda a determinar el límite entre la proclamación expresiva que se nos pide dar, y la dramatización de la lectura que no es apropiada. Sin las opiniones de los demás, es difícil saber qué tan bien es recibida la palabra de Dios por la asamblea. Y cuando dedicamos tiempo para escuchar críticamente a los demás, podemos adquirir las buenas características de sus estilos de proclamación y aprender de sus errores así como de los nuestros.

Cuando participamos en un proceso de intercambio en grupo, es muy útil que los participantes hablen como miembros de la asamblea sobre lo que ayudó o dificultó su experiencia de la lectura, en vez de adoptar la función de un maestro.

Para ayudarnos a enfocar el ejercicio, permitiremos que la sesión de retroalimentación e intercambio sea guiada por las siguientes preguntas:

1. ¿Fue la voz del Lector lo suficientemente fuerte o audible?

2. ¿El fraseo* de la lectura tenía sentido?

3. ¿El Lector articuló bien las palabras o algunas de ellas fueron balbucidas?

4. ¿Las palabras fueron pronunciadas correctamente?

5. ¿El ritmo al leer permitió a la gente escuchar y seguir la lectura?

6. ¿La calidad de la voz correspondió al estado de ánimo de la lectura?

7. ¿La comunicación no-verbal fue de ayuda o fue distractora?

8. ¿La postura fue adecuada?

9. ¿Estableció contacto visual el lector con la asamblea?

10. ¿Fueron los movimientos del Lector adecuados o elegantes?

11. ¿El vestuario del Lector distrajo del contenido de la lectura?