Pausar

Pausar

Algunas personas leen como conducen, haciendo el menor número de altos en el camino como les sea posible. Otros, se detienen tan a menudo, que ocasionan a los oyentes perder el hilo del pensamiento.

El reto o desafío de hacer pausas efectivas es aprender a no temer al silencio.

Muchos lectores, especialmente aquellos que son nuevos en el ministerio, tienen miedo del «sonido del silencio» cuando están en el ambón. Un flujo continuo de sonidos les da la impresión de que se están moviendo con una agradable marcha sin tropezar con arranques y paradas.

Desafortunadamente, el «flujo continuo de sonido» no es agradable para los oyentes y violenta el texto.

Recordemos que la Asamblea debe procesar el texto dependiendo en cómo nuestra forma de leer dota de significado el texto, señala los cambios de tema, los prepara para una parte particularmente importante o significativa de la lectura, y así sucesivamente.

El uso de pausas efectivas les da tiempo para realizar este proceso.

También le da tiempo al lector para refrescar su voz y su propio entendimiento de la lectura.

Una pausa bien ejecutada es una manera de enfatizar o resaltar una parte de un texto, ya sea lo que se acaba de proclamar, o lo que viene después.

El habla humana está marcada con pausas muy parecidas a los «descansos» en la música. Algunos son muy breves, casi imperceptibles, mientras que otros son bastante largos y dramáticos. Como la música, el habla natural humana deriva una gran parte de su significado de los silencios que marcan el sonido.

Cuando leemos, las pausas son los silencios necesarios que permiten a la Asamblea acoger y asimilar lo que estamos leyendo.

Es importante destacar que el hacer una pausa nos da tiempo para respirar.

Las pausas hacen que sea más fácil entenderte. Las pausas al hablar pueden ser como las comas al escribir. El detalle que hace que una frase se entienda o se malinterprete.

Vamos a comer, niños.

Vamos a comer niños.

Puede que quieras decir lo primero pero si no haces la pausa adecuada los que te oyen se asustarán.

Las pausas hacen más comprensible tu mensaje no sólo porque permiten interpretar las cosas tal como son sino porque les dan a las mentes de la audiencia el tiempo que necesitan para procesar las ideas.

Las pausas proyectan seguridad. Cuando los nervios al leer en público hacen su aparición, muchas personas tienden a leer más rápido de lo normal. Su subconsciente parece encontrarlo una solución útil para salir pronto  del escenario.  Eso da una sensación de inseguridad y poca confianza.

Por el contrario, si eres capaz de mantener un ritmo adecuado y utilizar pausas en momentos clave estarás proyectando una imagen de confianza y aplomo.

Pausas que comunican énfasis. Los silencios que preceden o siguen a una afirmación o pregunta pronunciada con mayor intensidad sirven para dar énfasis, a menudo de forma impactante, y brinda a los oyentes la oportunidad de reflexionar en lo que se acaba de leer o puede crear expectación por lo que se dirá.

Cuando leas algo que desees que se recuerde, haz una pausa para que cale hondo en tu auditorio.

Pausas que invitan a responder. Cuando hagamos preguntas que inducen a los oyentes a reflexionar tenemos que hacer una pausa lo bastante larga para que el auditorio se conteste mentalmente la cuestión que hemos planteado con dicha pregunta. Si no hacemos la pausa, gran parte del beneficio de la pregunta se perderá.