Preparación para servir como Lector (espiritual y del texto)


—1—

Imaginemos que faltan 10 minutos para la celebración de la Santa Misa y la persona encargada nota que no hay lectores para la Misa de ese domingo. Va hacia una persona que está visitando la iglesia solamente porque sus familiares lo llevaron ahí. Él no sabe mucho de la Biblia y no ora mucho ni recibe los sacramentos, pero como él es maestro y está relacionado con la política acepta leer la Palabra ese día.

¿Qué opinas de este escenario? ¿Ha pasado alguna vez? ¿Y qué está mal con esto? ¿A quién se debe escoger?


—2—

Una estudiante de comunicaciones —una joven brillante y experta— comenzó la primera lectura, hablando magníficamente, articulando cada sílaba con perfecta claridad, variando su tono maravillosamente, acelerando y reduciendo el ritmo en los lugares indicados, y con un b alance perfecto de la dramatización.

Cuando ella terminó, una anciana caminó cojeando lentamente hasta el ambón para la segunda lectura. Cuando ella comenzó, sus lentes se le resbalaron de su nariz. Ella los recuperó, los ajustó y continuó. Su voz era frágil, su ritmo errático, su postura pobre, su contacto visual casi nada. Pero cuando ella terminó, no había un ojo seco en el lugar.

La primer lectora, perpleja le preguntó a la mujer mayor, «¿Cómo fue usted capaz de conmover a aquella gente así? Estoy segura que yo no los conmoví de esa manera». Y la mujer mayor, humildemente contestó: «Usted sabía el texto. Yo conocía al autor».

***

Los grandes lectores nos conmueven e impresionan desde las profundidades de sus almas y de su más profundo amor por el Señor. No importa que maravillosas sean sus habilidades de discurso, cuando el lector no sabe acerca de lo que está leyendo, los fieles, la asamblea, son los primeros en sentirlo.


Las dos mesas

La Misa consta, en cierto modo, de dos partes, a saber, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística, las cuales están tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto. En efecto, en la Misa se prepara la mesa, tanto de la Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo, de la cual los fieles son instruidos y alimentados. Consta además de algunos ritos que inician y concluyen la celebración.

Instrucción General del Misal Romano 28


La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia.

Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum 21


Ministro de la Palabra

¿Quién es, pues, el Lector de la Palabra, sino un servidor que presenta a la asamblea una parte del alimento que el Señor mismo ha puesto sobre la mesa de su comida?

El Señor nos ofrece su Palabra antes de entregar su Cuerpo. Y necesita de los cristianos para distribuir su Palabra y su Cuerpo, partir el pan de la Palabra y repartirlo, así como se romperá y se repartirá el Pan consagrado de su Cuerpo.